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Mensaje en una botella

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Galicia es famosa por sus temporales en invierno y por su mar de fondo. Este fenómeno meteorológico que ocurre cuando se instala una borrasca en el norte del Océano Atlántico, con fuertes vientos que crean olas muy altas y con mucha profundidad. Estas olas adquieren mucha energía lo que hace que se desplacen desde distancias muy lejanas.

Gracias a este tipo de olas, hacen que las playas de las rías gallegas se llenen de pequeños tesoros en sus orillas. Aquí llega de todo, desde plásticos y basuras arrojadas al mar, que vienen desde la otra punta del Atlántico, hasta hallazgos de lo más romántico, como son botellas con un mensaje dentro.

Hace unos días el periódico “Faro de Vigo” se hacía eco de uno de estos descubrimientos tres niños encontraban en la playa de Lourido (Poio – Pontevedra), una botella con un mensaje de 1958, el mensaje decía así:

“Junio 1958. A 150 del cabo San Vicente navegando hacia Panamá D.R.G. Rota, Cádiz, España”,

57 años vagando por el mar para acabar en una playa gallega…

Pero los gallegos no solo recibimos este tipo de mensajes, en la era del 2.0, sino que también los enviamos, para que alguien los reciba.

Este el caso de Cándido, marinero de Marín desde los 17 años, que un 25 de julio Día de Galicia, tiña morriña y sufría como un emigrante fuera de Galicia,  escribo las siguientes líneas para enviarlas a un remite desconocido al otro lado del mar:

“Hoxe 25 de xullo 1999, é un gran día na miña patria (día festivo de Santiago, Día de Galicia)

Este día é especialmente importante para os emigrantes. Nós sabemos máis que ninguén sobre a morriña. Así que quería saudar a todos os emigrantes, incluídos os de Galicia.

Este saúdo é na súa memoria, esperando que o océano levará a mensaxe. Pido ao apóstolo Santiago e a Breogán que se aseguren de que a mensaxe chega.

Só teño que dicir que son un pescador nas Illas Malvinas. Un home de Galicia, Cándido J C, de Marín, Pontevedra, España”

Este mensaje llegó a su destino, no como tantos otros, que Cándido había enviado; justamente 16 años después el administrador del archipiélago británico de Tristán Acuña situado en el Atlántico sur, lo recibe en una playa de difícil acceso y semienterrado.  Este hombre abrumado por el acontecimiento, traduce el texto al inglés y difunde su información para intentar ponerse en contacto con Cándido componer el final de su ocurrencia.

A través de internet se ponen en contacto con el diario digital “PontevedraViva”, que publica la noticia y llega a oídos de la hija de Cándido. Esta se pone en contacto con él y recibe emocionado la noticia de que una de sus botellas ha llegado a manos de una persona al otro lado del mundo. Cándido siempre había soñado que esto ocurriera, y en cada botella que enviaba, siempre pensaba en que sentiría la persona que la recibiera.

La vida en alta mar es muy dura, hay ratos de mucha soledad donde se extraña todo lo que se deja en tierra.

Con esta corta historia quiero honrar a los trabajadores del mar que aparte de su duro trabajo tienen que estar lejos de su hogar.

 

Fuentes:

Faro de Vigo

PontevedraViva

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